3 PASOS CLAVE PARA LA ACEPTACIÓN EMOCIONAL Cómo escuchar los mensajes de nuestras emociones

Una vez nos hemos dado cuenta que es imposible controlar lo que sentimos ya que las emociones tienen vida por sí mismas (están en constante movimiento, son cambiantes y además vienen a darnos un mensaje que nos suele ayudar a entendernos mejor, a transformar algo que nos bloquea y, en general, a estar mejor), en este post descubriremos algunas estrategias para poder escuchar estos mensajes y aprender a vivir con lo que sentimos de forma más útil y significativa para nuestro bienestar. 

Por ejemplo, si queremos dejar de sentirnos tristes necesitamos antes saber por qué nos sentimos así, qué viene a decirnos esta tristeza, qué hay en nuestra vida y en nosotrxs que hace que nos sintamos así, cómo podemos transformarlo, etc. Así pues, debemos aceptar y atender a este sentir antes de poder redefinirlo.

1. Observar lo que es

Este primer paso se traduce en poner atención a cómo me siento, a qué está sucediendo dentro de mí, especialmente a las sensaciones y reacciones corporales que tengo (palpitaciones, temblores, sensación de ahogo, de amplitud, de peso, dolor en alguna parte del cuerpo, siento que me tira para atrás, o para adelante, etc.). Se trata de registrar cómo se siente la emoción en nuestros cuerpos para acceder a ella de forma más directa. Así pues, cuando aparece la emoción nos vamos al sentir, a lo que nos pasa a nivel físico (si es que se puede separar de todo lo demás), y observamos lo que es tal como es. Poner las manos en la zona del cuerpo donde lo sentimos nos puede facilitar este paso. En el caso de la tristeza, podría ser un vacío en el vientre, una sensación de opresión en la garganta, etc.

Puede pasar que a veces no sabemos qué nos está ocurriendo, ni podemos identificarlo, o no nos damos cuenta en el preciso momento en que ha aparecido. Es totalmente normal y está bien, ya que suele ocurrir que muchxs de nosotrxs no nos hemos entrenado desde pequeñxs a estar atentxs a lo que nos pasa por dentro y no estamos habituadxs, pero es cuestión de práctica, todxs somos aprendices en ese sentido, y se trata de un proceso, de un camino a recorrer que nos se hace de un día para otro. 

“No es tan importante saber etiquetar lo que sentimos como poder escucharlo”

La meditación, mindfulness, o lo que sea que hayamos descubierto que nos ayuda a estar más conscientes en el aquí y el ahora (hacer deporte, mirar el mar, pasear por el campo, etc.), nos permitirá también estar más atentos a lo que sentimos y, en general, a todo lo que nos pasa por dentro.

2. Darle un espacio

Configura la parte clave de poder aceptar esta emoción, ya que le damos permiso para existir, sin luchar contra ella, para que se quede con nosotrxs el rato que sea necesario y, a la vez, sin engancharnos a ella. Nos puede ayudar a conseguirlo el pensar que que es nuestra amiga y que ha venido a ayudarnos, e imaginarnos que esa emoción se sienta a nuestro lado y que podemos mirarla e interacturar con ella. Siguiendo con el ejemplo de la tristeza, quizás ocurra que al dejarla estar con nosotrxs nos vengan ganas de llorar o de sacarla de alguna otra forma, está bien.

Es posible que no nos apetezca sentarnos con estas emociones y que queramos decirles que se vayan, ya que nos están incomodando, pero debemos recordar que  las emociones no son ni buenas ni malas (aunque durante mucho tiempo se las haya catalogado así), sino que todas tienen su sentido de ser y de llegar en este momento a nuestras vidas. 

3. Escuchar lo que dice

Quizás esta es la parte más abstracta de todas, aunque una vez ponemos en marcha este ejercicio y lo vamos practicando dia a dia, se vuelve algo natural e puede convertirse en un hábito de vida. 

Una forma de hacerlo es imaginarnos que le preguntamos a la emoción qué hace aquí, qué necesita, qué ha venido a enseñarnos, cómo podemos hacer lo que nos plantea, etc. Podemos hacer esas preguntas en voz alta e imaginarnos, desde la intuición (es decir, sin pensar demasiado ni dar muchas vueltas, sino de forma espontánea), que la emoción nos responde para así registrar lo que nos dice. En este momento, es muy posible que el sabio o la sabia que todxs llevamos dentro nos diga lo que necesitamos escuchar para estar mejor, sentir mayor bienestar, etc. En el caso de la tristeza, podría decirnos que nos falta hacer un duelo por alguna pérdida y dejarnos sentir ese vacío por un tiempo.

Después de este ejercicio es posible que sepamos cuál es el siguiente paso y cómo podemos actuar para hacer ese cambio. Si no es así, también podemos plantearnos que alguien nos acompañe a dar los primeros pasos en este proceso. 

Una vez acabamos el ejercicio, está bien dar las gracias a la emoción y a nosotrxs mismxs por haber abierto este espacio a sentir, compartir y crecer. También podemos decirnos que lo sentimos por no haberlo hecho antes si ha pasado un tiempo, y también recordarnos que nos queremos, y abrazarnos, si nos apetece, como una muestra de amor propio y reconocimiento. 

Personalmente, la aceptación emocional me ha ayudado a vivir de forma más tranquila y serena, a actuar con más coherencia, y, sobretodo, a entender y aceptar lo que siento y lo que soy. Por esos y muchos más motivos, sigo practicando y avanzando día a día en el camino de la aceptación emocional a nivel personal, y propongo muy frecuentemente estas estrategias en el acompañamiento profesional.

¿Es posible controlar nuestras emociones? Los beneficios de aceptar lo que sentimos

Actualmente, utilizamos con frecuencia conceptos como “gestión emocional” o “control de las emociones” para referirnos a estrategias que nos permiten desarrollar nuestra inteligencia emocional. Sin embargo, ¿hasta qué punto podemos “controlar” lo que sentimos?

Cuando observamos la naturaleza esencial de las emociones nos damos cuenta de que se trata de algo vivo, dinámico, cambiante e impermanente, en constante movimiento. Para hacernos una idea, podemos imaginarlas como una corriente de agua que al intentar contener con las manos, se nos escapa entre los dedos y adquiere incluso mayor fuerza para atravesarlos y seguir su cauce natural.

Luchar contra las emociones nos bloquea

Este mismo efecto es el que se genera cuando intentamos controlar, contener, esconder o eliminar una emoción ya que ésta adquiere mayor intensidad y puede llegar incluso a “apoderarse” de nosotros. Esto sucede especialmente con las emociones que hemos aprendido a catalogar como “negativas”, por ejemplo la tristeza, la rabia o la ira, ya que no nos gusta sentirnos “mal” y éstas nos molestan, nos incomodan, etc. De manera que lo que hacemos es percibirlas como si fueran nuestras enemigas y luchamos contra ellas, centrando nuestros esfuerzos en hacer que desaparezcan, sin tener en cuenta que quizás están aquí por un motivo más beneficioso que el de fastidiarnos.

  A lo que te resistes, persiste. Carl Jung

Así pues, es precisamente cuando intentamos cambiar lo que sentimos, sin haberlo aceptado previamente, cuando perdemos el control y nos “enganchamos” a un estado emocional, nos fusionamos con lo que nos pasa y nos volvemos incapaces de sentir nada más. Así es como permanecemos donde estamos, persistimos en la incomodidad y, además, con la sensación de que no podemos hacer nada para cambiar lo que nos pasa.

Aceptar lo que sentimos nos hace libres

Un buen punto de partida para la aceptación emocional es desaprender que las emociones se dividen entre positivas o negativas, entre buenas o malas, y considerarlas a todas como recursos útiles para nuestra persona y nuestro bienestar. Podemos imaginarlas como si fueran nuestras amigas o aliadas, con las que nos vamos a dar un paseo o a tomar algo, siendo conscientes de que han venido a ayudarnos y a enseñarnos algo de nosotros mismos.

¡Ojo! No se trata de conformarse con lo que hay, sino todo lo contrario. La aceptación  emocional consiste en asumir lo que sentimos para poder liberarnos y actuar de forma consciente, en coherencia con lo que necesitamos en este momento y lo que para nosotros es importante.

Esto significa que debemos dejar a las emociones el espacio suficiente para que se muestren y confíen en nosotros, ya que nos ayudarán a entender mejor lo que nos pasa y a sentirnos mejor. Si volvemos a imaginar la corriente, sería como dejar que el agua corra, observándola atentamente y acompañándola en su camino, para ver hacia dónde nos lleva.

El Poder del Vínculo

La palabra vínculo viene del latín vinculum (cadena, atadura). No resulta extraño entonces que frecuentemente asociemos este concepto con imágenes como esta: cuerdas, hilos, cadenas, redes, etc. Estas representaciones suelen mostrar la complejidad de este fenómeno tan vital y fundamental, que nos mueve a nacer, a relacionarnos, a crecer y, en definitiva, a vivir.

Los lazos pasionales son los primeros que se integran en nosotros a través de nuestra creación, y se van desarrollando a lo largo de la gestación y en el momento clave de nuestro nacimiento, a partir del cual se irán transformando, ampliando y volviendo cada vez más y más complejos como consecuencia de nuestra naturaleza y la de los sistemas de los que formamos parte. Al final de nuestra vida habremos tejido un número incalculable de vínculos, directos e indirectos, que formaran la gran red de nuestra vida.

rope-667302_960_720El vínculo nos permite saber que existimos, empezando por la interacción con nosotros mismos y siguiendo por las demás personas, cosas, energías, etc. Según un estudio que recogía lo que pensamos y sentimos habitualmente antes de morir, señalaba el hecho de haber mostrado a nuestros seres queridos más frecuentemente el amor y la estima, reforzando así nuestros vínculos más cercanos e intensos.

Así pues, no es casualidad que la sensación de vinculación sea una de las motivaciones más primarias y emocionales del ser humano, y que esté presente durante toda nuestra vida como el motor que hace que funcione todo lo demás. Cuando se forja el vínculo, empiezan a pasar cosas, nos movemos, creamos, construimos y todo lo demás emerge. Este momento marca un antes y un después, ya no hay vuelta atrás una vez activamos la interacción.

Sin embargo, si que es flexible la manera en que lo hacemos, es decir, nuestra forma de vincularnos, ya que surge del aprendizaje que empezamos de forma muy temprana, y se va desarrollando a lo largo de nuestra vida. Se trata de patrones que utilizamos porque nos son útiles, que nos permiten vincularnos como queremos y escogemos en este momento.

A veces, estas estrategias que pueden parecer casi automáticas nos dejan de ser útiles, ya que nos hacen sentir en desequilibrio, con cargas, culpas o sencillamente ya no nos apetece relacionarnos de esta forma. En este momento, podemos plantearnos un cambio, una redefinición de estos patrones que nos permita estar más a gusto con nosotrxs mismxs, con los demás y con el mundo. De forma que empecemos a tejer la red de forma consciente y coherente.

No sólo utilizamos el concepto de vínculo para referirnos a las relaciones entre personas, sino también con las cosas, con las energías, la vida, etc. Por ejemplo, podemos preguntarnos: ¿Qué tipo de vínculo tengo con el dinero? ¿Cómo me relaciono con la vida? ¿Y con el amor? Podemos imaginar que estas cosas/energías son como personas, para que nos resulte más fácil saber como está la relación con ellos.

La película Náufrago muestra la importancia del vínculo, de una forma tan surrealista como a la vez emocionante que nos conmueve hasta lo más profundo, ofreciéndole al protagonista (Tom Hanks) la posibilidad de poder compartir la experiencia de naufragio con alguien o en este caso, con algo (Wilson) dándole sentido al momento y a su existencia.

Prestando atención al vínculo, podemos darnos cuenta de muchas cosas que si miramos hacia otros lados no vemos. Y cuidando estos vínculos podemos generar grandes cambios que de otra forma nos resultaría más complicado, ya que algo tan natural y esencial nos permite conectar a unos niveles realmente profundos. De hecho, parece que el mundo está pidiendo a gritos este cambio de mirada que se enfoca en la relación y en la conexión como el motor de todo lo demás. Se trata de un volver a los orígenes, a conectar con nosotrxs mismxs, unos con otros, a nivel de sociedad, comunidad, región, país, continente, mundo… y así hasta llegar al universo.

De la Autoexigencia al Fluir

El día que me di cuenta de que llevaba un palo de escoba metido por el culete fue cuando decidimos romper mi última pareja y yo. Esta vez, no me enfadé con él, sino conmigo, por quién había sido yo con él. Aparentemente no se trataba de algo que me hacía sentir por encima de los demás o lejos de ellos, aunque ahora me doy cuenta de que sí, ya que cuando no puedes (quieres) ser tu misma difícilmente podrás estar cerca de la gente, y menos aún de los que más quieres. Desde la autoexigencia extrema, por muy humana que seas difícilmente transmites aceptación incondicional y amor a los demás, cuando no eres capaz ni de dártela a ti misma, sino la rigidez y el juicio que la acompañan, atrayendo a ti además, personas y situaciones que la despiertan.

autoexigenciaY aquí empezó mi viaje, me di cuenta de que nunca podría amar a alguien de otra forma de la que me amaba a mi, desde el vacío y desde la necesidad de llenarlo con algo de fuera o con alguien, ya que la autoexigencia que me acompañaba día a día, también se la transmitía a las personas que me rodeaban, tanto pareja, padres, hermanos, amigos, clientes, etc. Así pues, me comprometí conmigo misma a dejar atrás este patrón y alimentar una nueva forma de mirarme a mi y a los demás, así como de amarme y amarles.

Estuve unos días culpándome y fustigándome por este patrón que tanto me disgustaba, me quedé bloqueada e inmóvil ya que no sabía como seguir adelante con esto, sabía que podía cambiarlo pero no sabía cómo, vaya, lo que les acostumbra a pasar a mis clientes cuando llegan a la consulta o cuando se dan cuenta del porqué de lo que les pasa. Así que decidí buscar acompañamiento profesional que me permitiera ampliar horizontes, enfocar la situación desde otras perspectivas tomando distancia tanto de las emociones, como de los pensamientos y de la misma situación. También busqué el acompañamiento de mi red, tanto de la familia como el de mis amigas y amigos, conectando con mis raíces y mi esencia, y allí encontré el amor incondicional que me sirvió para inspirarme en el nuevo patrón que quería construir.

Aunque en realidad ya intuía que lo que aparentemente era “sólo” un patrón, tenía que ver con algo mucho más profundo, no fue hasta pasados unos días que me di cuenta realmente de ello. Se trataba de ir más allá, de ser yo misma, de mostrarme tal como soy, con mis luces y con mis sombras, ya que: Sí, tengo sombras. Estas también me hacen ser quien soy, forman parte de mi esencia. Y esto me recuerda al falso crecimiento personal, aquél que pretende convertirnos en seres perfectos cuando ya somos perfectamente imperfectos, no se trata de cambiar para ser mejor sino de mejorar para ser capaces de aceptarnos completamente.

tree-of-abundanceMe di cuenta de que se trataba también de dejar de cumplir expectativas buscando reconocimiento, y en último instante, lo que todos buscamos, amor. Se trataba de quererme sólo por existir, por respirar, por SER, como me dijo una gran amiga y profesional, como si fuera un árbol. Un árbol que aparentemente no hace nada, y sin embargo con su respiración nos oxigena y nos permite nada más que la vida, nos conecta a la verdadera fuente de todo.

Así pues, decidí volver al origen, buscar en lo más profundo de mi alma y de mi ser, y lo encontré. Esto es algo que voy a guardarme para mi, pero sólo decir que el perdón acostumbra a ser un paso clave en estos caminos…

La verdadera magia de esta metamorfosis es que aunque sigo trabajando en ella, cada vez me doy más cuenta que voy dejando de hacerlo a la vez que lo hago, ya que la alternativa que me he propuesto es la de fluir, siendo yo misma, siendo.

Así pues dimito, me dejo llevar, me abro a la vida y al amor.

Nos vemos en el fluir.

Gràcies per acompanyar-me fins aquí. No ho hauria pogut fer sense TU.


– ¿Quieres decirme, por favor, qué camino debo tomar para salir de aquí? – Dijo Ella

– Eso depende mucho de adónde quieres ir, si te preocupa poco hacia donde ir, poco importa el camino. -respondió el Gato.

– Ah, entiendo.. Pero yo ya sé hacia dónde quiero ir! -contestó Ella.

– Entonces, ya sabes qué camino tomar.. -replicó el Gato.

AMAR: Abrir, Mirar, Aceptar y Reconocer

Me gusta pensar en AMAR como una interacción de acciones que llevamos a cabo de forma natural (abrir, mirar, aceptar y reconocer), y que aunque a veces nos resulte más complicado o parezca que se nos olvide, todxs sabemos hacer, ya que nacemos desde el amor y es lo que nos mueve por dentro y por fuera, en sus múltiples manifestaciones: ya sea el amor propio, el amor por nuestra familia, nuestros amigos, nuestra profesión, nuestras aficiones, etc.

el-arte-amar-erich-fromm-introduccion-L-mqw4bhEl amor en sus infinitas expresiones da sentido a nuestra vida y a nuestra existencia, ya des del momento en qué alguien piensa en nosotrxs como un proyecto que nace de ese mismo amor. Pero carece de sentido si no empezamos por nosotrxs mismxs, aprendiendo a amarnos completamente y de manera incondicional. Así pues, empezamos esta suma de acciones desde y hacia nosotrxs:

A-BRIMOS las puertas del yo y nos permitimos atravesarlas, entrando a nuestro hogar, a nuestro templo más profundo e íntimo dónde guardamos nuestra esencia, nuestra historia, nuestros secretos, pasiones, patrones, creencias, etc. Abrimos nuestro ser en toda su expresión, confiando plenamente en la suma de esta apertura.

M-IRAMOS hacia dentro, observando y conociendo poco a poco las piezas que forman nuestro propio puzzle, encajando algunas con lo que hoy somos, y otras quedando aparentemente sueltas o en la reserva para buscar su lugar quizás más adelante. Miramos hacia fuera y descubrimos que la mayor parte de nuestra vida (sino toda) es un reflejo de este puzzle interior, como el reflejo de un espejo.

A-CEPTAMOS cada una de estas piezas, desde las que nos encantan hasta las que a veces nos han llevado al odio o al enfado, y al rechazo de nuestro propio ser. Cada una existe por una razón, ha ocupado un lugar y ha jugado un papel importante en nuestro puzzle, ha sido útil. Esta es quizás una de las acciones de AMAR que supone uno de los mayores retos, el de amarlo todo, la luz y la oscuridad, todas nuestras partes y nuestro todo en conjunto. Abrazando también nuestra historia,  las veces que nos hemos sentido queridos y las que no, las que hemos transmitido amor y las que no, sin juzgar y de forma apreciativa.

R-ECONOCEMOS el maravilloso y complicado puzzle que hay dentro de cada unx de nosotrxs, validando lo que somos aquí y ahora, nuestras potencias y capacidades, nuestro camino hasta aquí, hasta dónde hemos llegado. Unas palmaditas en la espalda, un abrazo genuino que nos transmite lo perfectamente imperfectos que somos.

Cuando nos AMAMOS, podemos abrir las puertas a otros y atravesar las del que decide ser amado, viajando así a su espacio personal, sumando nuestras diferencias y el amor del que estamos hechos al del otro. Podemos mirar al otro de la misma forma que nos miramos, desde el amor, sin juicios ni condiciones, aceptando cada pieza y el puzzle completo del otro, reconociendo lo maravilloso que es, abrazando su totalidad, que a la vez se suma y expande con la nuestra, configurando así las bases de una relación sana y equilibrada.

Según la Ley del Espejo de Yoshinori Noguchi, nuestra vida es un reflejo de lo que hay en nuestro interior, de lo que somos por dentro. Así pues, si de alguna forma lo que cosechamos es lo que sembramos, y lo que queremos es ser amadxs, empecemos por amarnos y transmitir ese amor que seguro retornará multiplicado de manera exponencial.

Una forma en la que me encanta transmitir amor es con la música, así pues, aquí va esta canción llena de luz, le doy las gracias a la persona que me hizo redescubrirla. Gracias Georgina Tika Terapias por tus clases, tu música, tu esencia y tu magia. 

“Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré”

Desde muy pequeñ@s suelen decirnos a menudo quién somos, cómo somos y cómo nos comportamos, y causalmente suele convertirse en realidad. Nos acabamos comportando como los demás esperan que lo hagamos, tal y como nos han etiquetado previamente para cumplir esos roles, posiciones y comportamientos que se esperan de nosotros.

El verbo “ser” puede convertirse en una carga, un peso de algo que escogemos y a la vez nos viene dado en el sistema del que formamos parte, especialmente en el familiar, dónde se configuran los primeros vínculos y las consecuentes estrategias de socialización y vinculación. Es también en el núcleo familiar dónde se “cronifican” más estos roles y patrones, de manera que también es dónde cuesta más cambiarlos. Pero el simple hecho de hablar de patrones, roles, posiciones, estrategias, etc. ya adquiere la plasticidad que necesitamos para cambiarlos, cosa que no sucede cuando usamos el verbo SER: “Es que yo soy así”. Además, frecuentemente lo acompañamos de afirmaciones como: “Y las personas no cambian”, “Y cambiar es muy difícil”, etc. Algo que ES ASÍ difícilmente puede ser de otra manera, pero si hablamos de que “Nos comportamos así”, “Estamos así” o “Nos posicionamos así”, adquirimos una posibilidad de movimiento y de maleabilidad que nos hace sentir mucho más libres para escoger quiénes y cómo somos.

“Lo que somos”, o más bien, dónde y cómo estamos, es una mezcla compleja de lo que hemos vivido nosotros, de lo que han vivido los que nos rodean, los que forman parte de nosotros de una manera u otra y mucho mucho más, lo que configura nuestra historia, a través de la cual aprendemos a actuar, vincularnos, observar, percibir y sentir en el mundo. De la misma manera que aprendemos ciertos patrones y los reproducimos una vez y otra, también podemos desaprenderlos, dejarlos ir o transformarlos para aprender otras estrategias nuevas para funcionar en la vida. Tal como la naturaleza es dinámica, es movimiento, impermanencia, vida y muerte, nosotros, como parte de ésta, también lo somos. Así que si nos permitimos el cambio, podemos abrirnos a nuevas modificaciones y posibilidades. Todas estas transformaciones responden a la utilidad, de ser más feliz, vivir en mayor plenitud, armonía y coherencia.

Esta utilidad es la que nos permite dar gracias a los antiguos patrones, ya que si nos han acompañado es porque nos resultaban útiles y los hemos utilizado para vivir, hasta que dejan de serlo. Así pues, desde esta gratitud y con aceptación podemos transformar, redefinir y cambiar lo que nos limita y nos impide SER NOSOTR@S MISM@S.